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Hepatitis B y C: ¿Cómo diferenciar sus síntomas clave?

Hepatitis B y C: ¿Cómo diferenciar sus síntomas clave?

Escrito por

Rubén Menéndez

Publicado el

5 oct 2025

Índice

Comprender y diferenciar los síntomas de la hepatitis B y C es fundamental para la detección temprana y el manejo adecuado de estas enfermedades hepáticas. En este artículo, detallaremos las señales de alerta, sus similitudes y diferencias clave, y por qué es crucial estar informado para proteger la salud de nuestro hígado.

Diferenciar los síntomas de la hepatitis B y C es clave para entender la salud hepática

  • Muchas infecciones agudas por hepatitis B y C son asintomáticas, pero los síntomas iniciales (fiebre, fatiga, ictericia, dolor abdominal) son muy similares cuando aparecen.
  • La hepatitis C tiene una alta probabilidad de cronificarse (75-85%), mientras que la hepatitis B se cronifica en un porcentaje menor de adultos infectados.
  • Ambas formas crónicas suelen ser "silenciosas" durante años, y los síntomas solo se manifiestan cuando el daño hepático es avanzado (cirrosis, cáncer).
  • El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre, y es fundamental para un manejo adecuado de ambas infecciones.
  • Existen tratamientos efectivos: la hepatitis C es curable con antivirales, y la hepatitis B crónica es controlable a largo plazo.

Entendiendo la hepatitis B y C: claves para diferenciar sus síntomas

La confusión entre la hepatitis B y C es común, ya que ambas pueden presentarse con síntomas iniciales muy parecidos y tienen una naturaleza "silenciosa" en sus fases crónicas. Sin embargo, como experto en salud hepática, puedo asegurarles que entender sus diferencias es vital para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento. Ambas son infecciones virales que, si no se abordan a tiempo, pueden causar un daño hepático significativo.

A menudo, me refiero a estas enfermedades como "el enemigo silencioso" porque, especialmente en sus fases crónicas, pueden ser asintomáticas durante mucho tiempo. Esto significa que el virus está dañando el hígado sin que la persona lo note, lo que retrasa el diagnóstico y el inicio del tratamiento, haciendo que el hígado pida ayuda sin palabras.

Aunque tanto el virus de la hepatitis B (VHB) como el de la hepatitis C (VHC) afectan el mismo órgano, el hígado, y comparten vías de transmisión similares, es importante recordar que son virus distintos. Sus dinámicas de infección y progresión difieren, lo que justifica la necesidad de diferenciarlos para aplicar las estrategias de manejo más adecuadas.

Señales de alerta iniciales: así se manifiesta la fase aguda

La fase aguda de la hepatitis B y C se refiere a las primeras semanas o meses después de la infección. Es importante señalar que muchas personas no presentan ningún síntoma durante esta etapa, lo que dificulta la detección temprana. Sin embargo, cuando los síntomas sí aparecen, suelen hacerlo entre 1 y 4 meses después de la infección y pueden ser bastante similares para ambos tipos de hepatitis.

El cuadro clínico que comparten: síntomas comunes en las primeras semanas

Cuando los síntomas se manifiestan, el cuadro clínico inicial de la hepatitis B y C aguda puede incluir:

  • Fiebre: un aumento de la temperatura corporal, a menudo leve.
  • Fatiga extrema: un cansancio persistente y abrumador que no mejora con el descanso.
  • Pérdida de apetito, náuseas y vómitos: problemas digestivos que pueden llevar a una disminución del interés por la comida.
  • Dolor abdominal: especialmente en la parte superior derecha del abdomen, donde se encuentra el hígado.
  • Orina de color oscuro: debido al exceso de bilirrubina que los riñones intentan eliminar.
  • Heces de color claro o grisáceo: una señal de que la bilis no llega correctamente al intestino.
  • Dolor en las articulaciones: un síntoma que a veces se confunde con otras afecciones.

Ictericia: ¿por qué la piel y los ojos se vuelven amarillos?

Uno de los síntomas más reconocibles y preocupantes en la fase aguda de ambas hepatitis es la ictericia. Se manifiesta como una coloración amarillenta de la piel y la parte blanca de los ojos (esclerótica). Este fenómeno ocurre debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre, una sustancia de desecho que normalmente es procesada y eliminada por un hígado sano. Cuando el hígado está inflamado o dañado por el virus, no puede realizar esta función eficientemente, y la bilirrubina se acumula.

Síntomas menos evidentes pero igual de importantes: dolor articular y fatiga

Aunque la ictericia es una señal clara, otros síntomas como el dolor articular y la fatiga extrema pueden ser menos evidentes o atribuirse a otras causas, lo que los convierte en señales a veces subestimadas. Sin embargo, desde mi experiencia, estos pueden ser indicadores tempranos cruciales de una infección viral, incluyendo la hepatitis. No debemos ignorar un cansancio persistente que no mejora o dolores articulares inexplicables, especialmente si se acompañan de otros síntomas.

La infección crónica: cuando el virus permanece en el cuerpo

La fase crónica de la hepatitis se establece cuando el virus persiste en el cuerpo más allá de seis meses. Es en esta etapa donde las diferencias entre el VHB y el VHC se vuelven más pronunciadas en términos de progresión de la enfermedad y riesgo de complicaciones a largo plazo. Es fundamental entender que, en esta fase, la mayoría de las personas siguen siendo asintomáticas, lo que subraya la importancia de las pruebas de detección.

Hepatitis B crónica: ¿qué síntomas aparecen después de años?

Con la hepatitis B crónica, la situación es particular. Alrededor del 90% de los adultos infectados se recuperan completamente en unos seis meses, pero un pequeño porcentaje desarrolla una infección crónica, especialmente si la infección se produce en la infancia. La hepatitis B crónica a menudo no presenta síntomas durante años, e incluso décadas. Los síntomas solo aparecen cuando hay un daño hepático significativo, como cirrosis (cicatrización grave del hígado) o, en el peor de los casos, cáncer de hígado. En ese momento, los síntomas pueden incluir fatiga persistente, debilidad, pérdida de peso, hinchazón abdominal (ascitis) o sangrado fácil.

Hepatitis C crónica: la enfermedad silenciosa que avanza sin avisar

La hepatitis C crónica es, quizás, el ejemplo más claro de una "enfermedad silenciosa". Se estima que entre el 75% y el 85% de las personas infectadas con el VHC desarrollan una infección crónica. Al igual que con el VHB, la hepatitis C crónica puede permanecer asintomática durante décadas. Los síntomas, si aparecen, suelen ser inespecíficos (fatiga, malestar general) o se manifiestan solo cuando el daño hepático es ya considerable, evolucionando a cirrosis o cáncer. Esta progresión insidiosa la convierte en una de las principales causas de trasplante de hígado a nivel mundial.

¿Por qué la hepatitis C tiene más probabilidades de volverse crónica?

Una de las diferencias más significativas entre la hepatitis B y C radica en su tasa de cronificación. Mientras que en adultos, la hepatitis B solo se cronifica en un pequeño porcentaje de los casos (la mayoría se recupera), la hepatitis C tiene una probabilidad mucho mayor de volverse crónica: entre el 75% y el 85% de las personas infectadas con el VHC desarrollarán una infección persistente. Esta alta tasa de cronificación es una de las razones por las que la hepatitis C representa un desafío de salud pública tan importante y por qué su detección temprana es tan crítica.

Diferencias cruciales para distinguir la hepatitis B y C

Más allá de los síntomas agudos, que como hemos visto son muy similares, las diferencias cruciales entre la hepatitis B y C residen en su progresión a largo plazo y las implicaciones que esto tiene para la salud hepática. Aquí es donde realmente podemos distinguir estas dos infecciones.

La velocidad de la progresión: ¿cuál avanza más rápido hacia el daño hepático?

Aunque ambas pueden llevar a cirrosis y cáncer de hígado, la hepatitis C tiene una mayor probabilidad de cronificarse y, si no se trata, puede progresar de manera más consistente hacia el daño hepático grave. En mi experiencia, la hepatitis C crónica tiende a ser más predecible en su avance hacia la fibrosis y la cirrosis. La hepatitis B crónica, por otro lado, puede ser más variable en su progresión; algunos pacientes pueden vivir con el virus durante décadas sin desarrollar un daño hepático significativo, mientras que otros progresan más rápidamente. Sin embargo, en ambos casos, el monitoreo constante es indispensable.

El factor riesgo: ¿cómo influye la vía de transmisión en los síntomas?

Las vías de transmisión (sangre, fluidos corporales) son similares para ambos virus, pero no influyen directamente en los síntomas una vez que la infección se establece. Lo que sí influye, y mucho, es el *momento* de la infección. Por ejemplo, la infección por VHB en la infancia (transmisión vertical de madre a hijo) tiene una probabilidad mucho mayor de cronificarse que la infección en la edad adulta. Esta cronificación temprana a menudo significa una ausencia total de síntomas iniciales, lo que hace que la enfermedad avance de forma silenciosa desde una edad muy temprana. Para el VHC, la transmisión es principalmente por sangre, y la alta tasa de cronificación es una característica intrínseca del virus, independientemente de la edad de infección.

Zdjęcie Hepatitis B y C: ¿Cómo diferenciar sus síntomas clave?

Diagnóstico: el paso esencial para salir de dudas

Dada la naturaleza "silenciosa" de ambas infecciones crónicas, el diagnóstico temprano es, sin duda, el paso más esencial. No podemos depender de los síntomas para saber si estamos infectados, ya que cuando estos aparecen, el daño ya puede ser considerable. Por eso, siempre insisto en la importancia de las pruebas de detección.

¿Qué te dirá un simple análisis de sangre?

El diagnóstico de la hepatitis B y C se realiza mediante un simple análisis de sangre. Estas pruebas son capaces de detectar anticuerpos específicos que el cuerpo produce en respuesta al virus, o los propios antígenos virales. Por ejemplo, para la hepatitis C, buscamos anticuerpos anti-VHC y luego, si son positivos, confirmamos con una prueba de ARN del VHC. Para la hepatitis B, se buscan varios marcadores (HBsAg, anti-HBs, HBeAg, etc.) que nos dan una imagen completa del estado de la infección.

Pruebas de función hepática: entendiendo el estado real de tu hígado

Una vez que se confirma la infección, no termina ahí. Es crucial realizar pruebas adicionales para evaluar la función hepática y la carga viral. Estas pruebas nos permiten determinar el grado de daño que el virus ha causado en el hígado (por ejemplo, mediante elastografía o biopsia hepática) y la cantidad de virus presente en la sangre. Esta información es vital para decidir si se necesita tratamiento, qué tipo de tratamiento y cómo de urgente es.

¿Cuándo es absolutamente necesario consultar a un médico?

Como profesional de la salud, mi recomendación es clara: la consulta médica es indispensable en varias situaciones:

  1. Si experimentas cualquier síntoma sospechoso de hepatitis, incluso si son leves o inespecíficos como fatiga persistente, náuseas o dolor abdominal.
  2. Si tienes factores de riesgo conocidos, como haber recibido transfusiones de sangre antes de 1992 (para hepatitis C), haber compartido agujas, o si tu madre tuvo hepatitis B o C.
  3. Si has estado expuesto a posibles vías de transmisión, como pinchazos accidentales con agujas, relaciones sexuales sin protección con una persona infectada o si tienes tatuajes o piercings realizados en lugares no regulados.
  4. Si te encuentras en una población de riesgo, como personas nacidas entre 1945 y 1965 (para hepatitis C, en algunos países), o si tienes familiares con hepatitis.

La detección temprana es, sin lugar a dudas, la clave para un manejo exitoso y para prevenir complicaciones graves.

Más allá de los síntomas: prevención y tratamiento en España

Afortunadamente, en España hemos avanzado enormemente en las estrategias de prevención y en las opciones de tratamiento para ambas hepatitis. Es un campo en constante evolución que nos permite ser muy optimistas.

La vacuna de la Hepatitis B: la mejor herramienta de prevención

La vacuna contra la hepatitis B es, sin duda, la mejor herramienta de prevención que tenemos. Es una vacuna muy eficaz y segura, y me enorgullece decir que está incluida en el calendario de vacunación infantil en España. Gracias a esta medida, hemos logrado reducir drásticamente los nuevos casos de infección por VHB, protegiendo a las nuevas generaciones de esta enfermedad potencialmente grave.

La revolución de los antivirales: ¿cómo se cura hoy la Hepatitis C?

La revolución que han supuesto los antivirales de acción directa (AAD) para la hepatitis C es algo que, como médico, he vivido con gran satisfacción. Estos medicamentos permiten curar la infección en la mayoría de los pacientes, con tasas de curación superiores al 95%, en un periodo de tratamiento relativamente corto, de 8 a 12 semanas, y con muy pocos efectos secundarios. El Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C del Ministerio de Sanidad ha sido clave en este éxito, permitiendo que miles de personas en España se hayan curado y hayan recuperado su salud hepática.

¿Se puede controlar la Hepatitis B crónica de forma efectiva?

Para la hepatitis B crónica, la situación es diferente a la de la hepatitis C en el sentido de que no hay una "cura total" que elimine completamente el virus del cuerpo. Sin embargo, los medicamentos antivirales disponibles son extremadamente efectivos para controlar el virus. Estos tratamientos permiten suprimir la replicación viral, prevenir el daño hepático a largo plazo (como la cirrosis y el cáncer) y mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes. Requieren un seguimiento continuo, pero con el tratamiento adecuado, los pacientes con hepatitis B crónica pueden llevar una vida plena y saludable.

Preguntas frecuentes

Muchos son asintomáticos, pero pueden incluir fiebre, fatiga extrema, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orina oscura, heces claras y, en ocasiones, ictericia (piel y ojos amarillos).

Ambas suelen ser "silenciosas" por años. La hepatitis C se cronifica en 75-85% de los casos y progresa más consistentemente. La hepatitis B crónica es menos común en adultos y su progresión es más variable.

Ambas se diagnostican mediante un análisis de sangre que detecta anticuerpos o antígenos virales. Si es positivo, se realizan pruebas adicionales para evaluar el daño hepático y la carga viral.

Sí, existe una vacuna eficaz contra la hepatitis B. La hepatitis C es curable en más del 95% de los casos con antivirales. Para la hepatitis B crónica, hay tratamientos que controlan el virus.

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Rubén Menéndez

Rubén Menéndez

Soy Rubén Menéndez, un profesional con más de 10 años de experiencia en el ámbito de la salud. Mi formación en odontología y mi especialización en salud dental me han permitido adquirir un profundo conocimiento sobre las mejores prácticas y tratamientos efectivos para mantener una buena salud bucal. A lo largo de mi carrera, he trabajado en diversas clínicas y he colaborado en proyectos de investigación que respaldan la importancia de la prevención y el cuidado dental. Mi enfoque se centra en la educación del paciente, ya que creo firmemente que la información precisa y accesible es clave para empoderar a las personas en su salud. En mis escritos para policlinicadental.es, me comprometo a proporcionar contenido verificado y basado en evidencia, con el objetivo de ayudar a los lectores a tomar decisiones informadas sobre su salud dental. Mi misión es contribuir a la promoción de una salud bucal óptima, abordando temas relevantes y actuales que impactan a la comunidad. A través de artículos claros y útiles, espero fomentar hábitos saludables y desmitificar conceptos erróneos sobre el cuidado dental, estableciendo así un vínculo de confianza con los lectores.

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